Las listas. El arte. Las listas en el arte. El arte en Querétaro: las demasiadas listas.

por Virginia Clemm

El poder de las listas

Los psicólogos dicen que las listas –el acto de categorizar– permiten vivir y ordenar la realidad. Cuando somos niños comenzamos a hacer categorías como una forma de entender y ordenar el mundo; esto nos ahorra tiempo y energía, nos garantiza seguridad; asignamos a los miembros de una categoría las características del conjunto completo y, al asignar un elemento desconocido a esta categoría, éste automáticamente se hace conocido.

Más aún, nosotros mismos nos categorizamos. Al hacer listas que ordenan el mundo, nosotros mismos nos adscribimos o excluimos de ellas. Las categorías sirven también para construir identidades.

Así, las categorías y las listas, ambas bastante cartesianas, son una forma de darle sentido a la realidad, dividiéndola, segmentándola y luego aplicando estas divisiones a otras realidades que no conocemos y que, por ello, nos causan cierta incertidumbre. Las listas, pues, nos reafirman, nos dan una clara sensación de control y nos dan seguridad. Tal vez de ahí su potencia: cuando se hace una lista parece que la realidad es finita, abarcable, comprensible; al hacer una lista sentimos control y poder.

Pero la realidad es compleja, y las listas insuficientes y reductoras.

 

Las listas en el arte

Las listas en el arte son complejas. Los son porque el mecanismo de pensamiento de ambos conceptos, listas y arte, son opuestos. Mientras el arte intenta la comprensión vinculándolo todo, las listas buscan el mismo objetivo pero dividiéndolo todo.

Sin embrago, el arte, aunque intenta expresar la realidad, es a su vez parte de la realidad y, en consecuencia, las listas en este campo no son escasas. Los museos y sus curadores son ejemplo de esto; ambos fungen como elementos del mundo del arte que categorizan, teorizan y justifican selecciones, muestras y conjuntos de obras artísticas de acuerdo a ciertos criterios.

Dos conclusiones. La primera: las listas, al incluir, excluyen. La eficacia y el encanto de esta forma de entender la realidad es al mismo tiempo su vicio inherente, su pecado original.

La segunda: las listas y las categorías funcionan para la construcción de identidades. Los museos tradicionales –listas convertidas en instituciones– funcionan de esta forma.

 

El arte en Querétaro: las demasiadas listas.

El 24 de julio del 2015 se inauguró el Salón de la Plástica Contemporánea Queretana, una lista convertida en sala de museo. Casi un año después, el jueves 2 de junio de 2016, se inauguró la segunda etapa del Salón. No ha sido éste el único intento reciente por definir lo que sucede en el terreno del arte queretano a través de listas: ya ha habido un catálogo, una exposición temporal –llamada no se sabe si a manera de eufemismo o de broma Las glorias de Querétaro– y un premio de pintura nacional.

¿Por qué las listas parecen ser tan atractivas para la política cultural en este estado?

Entreveo algunas evidencias y arriesgo una hipótesis:

Evidencia uno. La ciudad está en pleno crecimiento. Luego del Sitio de Querétaro que tuvo lugar en el siglo diecinueve, la ciudad, su población y su desarrollo se estancaron –hubo incluso décadas, como la del treinta del siglo veinte, en donde la cantidad de personas que se iban y que morían superó a las que nacían y llegaban. Su crecimiento y posicionamiento como ciudad industrial y comercial comenzó más bien hacia la década de los setentas del siglo veinte y, luego del terremoto del ‘85, este crecimiento se tornó vertiginoso. Poblaciones completas se desarrollaron en menos de diez años y esta tendencia permanece: Juriquilla, Satélite, los nuevos desarrollos urbanos en torno al anillo vial Fray Junípero Serra, Centro Sur, etcétera. Nos encontramos en una especie de adolescencia urbana: nuestros brazos son largos y desproporcionados, nuestra nariz y nuestras orejas crecen mientras el resto de nuestro cuerpo se estanca. Encuéntrense las metáforas que mejor le queden a lo anterior.

Evidencia dos. La infraestructura de este estado se desarrolla detrás de su población. Primero se establecen colonias, luego llegan a ellas los servicios. Primero se recorren caminos, luego se pavimentan. A las instituciones les pasa lo mismo: operamos con instituciones noventeras una ciudad que se sitúa en el 2016. Nuestros pantalones nos quedan jolines, nos sale bigote y aún no tenemos rastrillo, sudamos y todavía no sabemos que existe el desodorante.

Evidencia tres. En nuestro cuerpo/campo/estado suceden cosas que aún no entendemos. Hay opiniones encontradas no sólo dentro de la misma localidad, sino dentro de los mismos grupos. Los nuevos pobladores proponen y reinterpretan el lugar y dejan del lado formas y costumbres antes veneradas. Los grupos de poder en todos los ámbitos se reconstituyen o se remplazan. Lo predominante ya no es siempre establecido por las mismas élites.

Evidencia cuatro. Querétaro busca una identidad. Queda claro que existe un orgullo y una identidad queretana pero no entendemos en qué se sustenta. Los queretanos del 2016 no compartimos un lugar de origen, ni tampoco una historia común, pero sí un territorio y tal vez el ánimo de habitar un lugar en donde todo vaya mejor; mejor que antes y mejor que en derredor. La identidad incipiente del queretano contemporáneo comienza definirse a través de la negación: todo México es inseguro, pero acá no. A todos los vecinos les va más o menos, acá nos va mejor.

Hipótesis arriesgada: Querétaro es un estado adolescente y sus políticas públicas lo son también.

El Salón de la Plástica Contemporánea Queretana es un impulso efebo de un estado que busca entender qué sucede dentro de sí. El intento es inocente y la pretensión determinista del museo-lista resulta incompleta.

Y es que desde el nombre el proyecto es parcial. ¿Cómo categorizar lo que es queretano en un estado en donde la migración y los cambios en el paisaje, las costumbres, la sociedad y la geografía son la constante desde los años setenta? ¿Cómo determinar qué es la plástica en un momento en donde las fronteras entre las disciplinas artísticas se desdibujan? ¿Cómo definir qué es lo contemporáneo? ¿Cómo olvidar la referencia que la palabra Salón lleva dentro de sí desde la época de las vanguardias? ¿A quién se le ocurrió un nombre tan suicida?

 

Últimas consideraciones: hay de listas a listas.

Está bien. Aunque ingenua, disculpamos la pretensión adolescente del Estado de ser quien determina quiénes son los artistas y qué es el arte. Tal vez nadie les ha avisado que en realidad ese papel les fue retirado desde hace tiempo y es ahora el mercado, los coleccionistas y tantos otros agentes sociales los que tienen esta función –no finjamos que el siglo veinte no existió. Aceptamos las limitantes y convivimos con sus inocencias y arbitrariedades. Pero, ¿de verdad el criterio de ordenamiento, jerarquía y selección de las obras que conforman el Salón de la Plástica Queretana es el tiempo, la figuración y la abstracción? ¿Las dos muestras del Salón son el reflejo de un trabajo curatorial?

Por supuesto que no. El Salón de la Plástica Contemporánea Queretana es pura flojera. Flojera de pensar en términos estéticos, flojera de justificar la selección y el pensamiento; flojera, pues, de plantear proyectos más propositivos, relevantes y convincentes que una lista de invitados a una fiesta organizada con tanta premura y desorden a donde nadie –o bueno, casi nadie– quiere ir.