Amo su inocencia –Daniela de la Torre expone, Rubén Maya escribe

por LILITH

Daniela de la Torre (Querétaro, 1997) visita el MUAC. Recorre la exposición de Jeremy Deller: El ideal infinitamente variable de lo popular. Cuando llega a la recreación de la exposición Open Bedroom (1993), Daniela de la Torre exclama: «¡Oh, Jeremy, yo también quiero exponer mi obra, y yo tampoco sé cómo exponer en un museo; yo, oh Jeremy, haré también un open bedroom!».

Tres meses después, a principios de diciembre de 2015, Daniela de la Torre –la Jeremy Deller queretana– inaugura su Open Bathroom. En la invitación de Facebook, Daniela de la Torre escribió:

Al no tener acceso a un museo recurro a mi estudio, al no tener estudio recurro a mi hogar, y al tener sentido del humor recurro a mi baño.


Dos meses antes del Open Bathroom de Daniela de la Torre, la edición 75 (!) de la «revista de pensamiento y ejercicio artístico» Separata publicó, en su sección Sintaxis (?), un tierno textículo de Rubén Maya (Huimilpan, 1964): El arte sonoro aplicado en instalaciones lumínicas contemporáneas.

Este texto (Rubén Maya lo llama ensayo; cada quién sus cochinadas) tiene el siguiente subtítulo: «un análisis de lo visual y lo audible como experiencia estética». Y tiene una nota al pie de página: «ensayo derivado del proyecto de investigación del Dr. Rubén Maya Moreno ‹El Arte Sonoro en Instalaciones Lumínicas Contemporáneas›, apoyado por el Sistema PROMEP-UAQ de la Secretaría de Educación Pública». ¡Oh, dulce inocencia de la mente! Refugio de los cándidos, consuelo de los castos, alivio de los simples, diversión de los virginales, esparcimiento de los irresponsables, lujo de los ingenuos. Y etcétera.

Sin más, el artículazo del Dr. Rubén Maya Moreno:

El arte sonoro aplicado en instalaciones lumínicas contemporáneas.
Un análisis de lo visual y lo audible como experiencia estética

La instalación es un género del arte contemporáneo que permite la reflexión teórico-conceptual desde la activación del propio espacio museístico, urbano o natural, como recurso intrínseco de la obra mediante el empleo de diversos recursos materiales y técnicos para la generación de propuestas artísticas. La intervención espacial se convierte en un factor importante para la extensión de los márgenes formales de la obra, lo cual es una característica propia de la instalación y conlleva implicaciones simbólicas derivadas de la manipulación intencional del espacio. En la instalación sonora el artista visual o sonoro adopta una actitud instrumental del lugar, sirviéndose de sus cualidades acústicas, sus dimensiones y distribución para la creación de su propuesta. Este lugar puede o no estar relacionado con el sonido manteniendo ya sea una relación integral entre ambos factores o bien alterando completamente la percepción del espacio al producir un choque entre lo que oímos y lo que observamos, creando en ambos casos nuevas relaciones simbólico-conceptuales entre lo que percibe el oído e interpreta la mente. En mi caso, la transformación de un espacio determinado surge a partir de estímulos visuales y sonoros cuya conjunción sea capaz de crear una experiencia multisensorial.

Una de las virtudes de la instalación es la posibilidad de admitir la participación física –no sólo auditiva o visual– del espectador, cuyo tránsito es considerado como parte de la propuesta estético-conceptual planteada por el autor. En este sentido, mis instalaciones están dispuestas sin margen de manipulación por parte de los espectadores; sin embargo, es el efecto que los elementos competitivos provoquen en él lo que constituye la creación de una experiencia sónico-visual-sensorial.

La unión de lo visual y lo audible posibilita la interpelación del espectador con la obra en distintas dimensiones y da cabida a diferentes maneras de manipular o recrear el lugar. Por un lado, el ojo redimensiona el espacio de acuerdo a los objetos propuestos y su distribución, pero también gracias a las condiciones lumínicas, las cuales se han convertido en un elemento fundamental en mis propuestas a través de recursos como la fluorescencia en ambientes artificiales generadas por el empleo de luz negra. La luminiscencia interactúa tanto con el espacio –al acotarlo o reconstruirlo– como con elementos escultóricos –al configurarlos–, abordando la experiencia visual desde el plano meramente óptico hasta el escultórico, confrontando al espectador a interactuar con personajes de tamaño natural en un espacio que irrumpe el curso y sentido de la realidad cotidiana.

La aparente irrealidad del ambiente adquiere un status objetivo por su inminente presencia en tiempo y espacio reales. La corporeidad de los personajes es manifiesta para el espectador, quien al transitar entre ellos experimenta el lugar, reconstruyendo sus propias dimensiones en relación al «lugar energético» propuesto. Sin embargo, la experiencia no sólo alude a la vista y el cuerpo en movimiento, también involucra al oído como partícipe de esta vivencia.

Parte de la experiencia multisensorial radica en la inclusión de la realidad audible, por lo que en mis instalaciones el factor sonoro es un componente fundamental para su apreciación. Los estímulos visuales y escultóricos van acompañados de una recreación sonora elaborada con cantos intencionados –en ocasiones acompañados de sonidos electrónicos–, compuestos a partir de la interpretación de mantras: la sonoridad de la palabra y el poder atribuido a ésta colaboran en la reconfiguración del espacio propuesto cuya aportación no sólo es a nivel sónico, sino sobre todo espiritual, en tanto dichas plegarias ofrecen un acercamiento a la iluminación. El carácter ritual otorgado a la recitación de mantras que experimenté originalmente al interpretarlos, pretende ser transmitido al espectador mediante su escucha al transitar por la instalación; las oraciones dan forma a los personajes –al aparecer escritas y ser legibles sobre ellos– y crean un ambiente sonoro, desplazándolas entre lo visible, lo audible y sensible en un plano interior, espiritual.

Al igual que los aspectos escultórico, visual y lumínico, el desarrollo de los cantos intencionados depende de las reacciones que quiero provocar en los oyentes, pues al ser yo mismo el intérprete dirijo su curso e intensidad, y sin importar que el espectador conozca o no los mantras éstos tendrán un efecto en su ser debido a la fuerza inherente a ellos, pero también –y, en especial, si los desconoce– a las cualidades interpretativas que transforman las plegarias de sonido a energía.

Así, el fenómeno sonoro intensifica la experiencia del espacio, reafirmando el simbolismo de los personajes u objetos dispuestos para la creación de un universo autónomo, donde la luz se convierte en materia y la materialidad escultórica en sentido significante etéreo, revelado por la misma. El sonido adquiere presencia a través de las vibraciones vocales, cuyas resonancias se convierten en manifestaciones espaciales.

Por ello, la instalación artística, en mi caso, busca transformarse en experiencia estética, pero además en refugio para recuperar las capacidades sensitivas muchas veces adormecidas en la vida cotidiana, donde los personajes y elementos compositivos se presentan como portadores de significados o conocimientos ofrecidos al espectador, siempre que éste se entregue a la experiencia visual, audible y vivencial creada por el autor.