El derrumbe de la estatua: hacia una crítica del arte público (1952-2014)

por Eduardo de la Garma de la Rosa

De noviembre de 2014 a abril de este año, el MUAC expuso El derrumbe de la estatua: hacia una crítica del arte público (1952-2014). Curada por José Luis Barrios y Alesha Mercado, la exposición reunió 35 piezas de 24 artistas distintos. El 6 de abril, mientras el MUAC retiraba las piezas, la Galería Libertad continuaba con la preparación y los trámites para traer una muestra de esta exposición a Querétaro. El 4 de junio, la Plaza de Armas de esta todavía –por momentos– tierna ciudad, amaneció con una escultura misteriosa en una de sus esquinas: el monolito de Ximena Labra que conmemora a las personas asesinadas el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas.

Aunque el monolito de Ximena Labra sea doblemente falso, causó por unos minutos un revuelo auténtico. Explico: además de que la pieza es una réplica (de tres que hizo Labra) del monolito original, se encuentra en un contexto ajeno: «a los compañeros caídos en esta plaza», dice el cenotafio. Ante la intervención del espacio público queretano, varios reporteros se acercaron a esta especie de ready-made político como los simios de 2001: una odisea del espacio (Kubrick, 1968): agitaron sus cámaras y comenzaron con las preguntas: «¿es parte de una manifestación?», «¿es una crítica al gobierno local?», «¿el 4 de junio es el nuevo 2 de octubre?», «¿estamos de luto?», «¿aquí, en Querétaro?», «¡ay, qué es esto!». Cuando la Galería Libertad respondió que el monolito era parte de una exposición de arte, los reporteros apagaron sus cámaras y se fueron a buscar una nota –¡ay!– más relevante.

En Querétaro, el silencio de los medios de comunicación ante los intereses públicos es –ese sí– sepulcral. En esta ciudad no hay voluntad de prensa. Los periódicos funcionan, a lo sumo, como departamentos de comunicación o agencias de publicidad de las distintas dependencias de gobierno. Y el problema no es sólo ese: la herramienta propagandística en la que se ha convertido la prensa queretana, sino también, y sobre todo, el nulo interés que tienen los medios locales en tratar de ampliar la cosa pública. No es la propaganda gubernamental, pues a fin de cuentas sólo el gobierno lee los periódicos, sino la inexistencia de plataformas para que los queretanos discutan los problemas comunes, que van, por fortuna, mucho más allá de los gubernamentales.

Esta es justo la relevancia de la exposición que está ahora en la Galería Libertad. Más que ser una adaptación de una curaduría exitosa del MUAC, la exposición funciona como un trampolín que nos impulsa a que hablemos del espacio público en nuestra ciudad. La banqueta resquebrajada de Pablo Vargas Lugo, por ejemplo, o la videoinstalación de Israel Martínez donde unos pandilleros utilizan una escultura pública de Helen Escobedo como instrumento musical, por mencionar sólo dos de las piezas expuestas, muestran las fisuras que existen hoy entre lo político y lo social. La pieza de Ximena Labra, además, exhibe el distanciamiento entre lo político-social y lo individual. La curaduría de El derrumbe de la estatua critica la forma de concebir el arte público en este país.

O, mejor dicho: critica la forma de concebir el arte gubernamental en el DF. Y es aquí donde la curaduría se queda cortísima, sobre todo en esta adaptación provincial. De ser una exposición crítica, en Querétaro se torna turística. Primero, porque prácticamente todas las piezas hacen referencia al espacio público del DF. Y segundo, porque la curaduría reduce lo público a lo gubernamental. ¿Dónde queda, por ejemplo, la crítica a las esculturas urbanas más prolíficas: los anuncios espectaculares? El derrumbe de la estatua critica una ideología priísta de concebir el espacio público, como si la mercadotecnia y el capital no estuviera ya por encima de cualquier Estado. Como si las esculturas de, pongámonos queretanos, William Nezme fueran públicamente más relevantes que el monstruo llamado Zibatá.

Así, el derrumbe de la estatua critica, sin querer, la ausencia de curadores en Querétaro. ¿Por qué la Galería Libertad no hizo una adaptación profunda y de veras relevante de la exposición inaugurada meses atrás en el MUAC? No creo que la razón sea la flojera, pues me imagino que los trámites burocráticos para traer obra de la UNAM a Querétaro han de ser infinitos. Sospecho más bien que, así como Querétaro tiene un superávit de pintores –como si esto fuera el París de la Belle Époque– la ciudad tiene una escasez lamentable de curadores. A lo que me lleva: ¿quién entonces articula las piezas que producimos en Querétaro; quién las reúne, quién las compara, quién las contrapone para resignificarlas? Están los directores de los museos, pero creo que su trabajo es insuficiente en este aspecto.

No busco al José Luis Barrios queretano; con un curador mediocre bastaba, pues en Querétaro tratar este tema de los monumentos es facilísimo. Los escultores queretanos se ponen continuamente de pechito. ¿Cuántos triques hay por ahí de Juan Velasco y Perdomo, William Nezme, Antonio Loyola, Carlos Deolarte? O, ahora que el graffiti no sólo se ha puesto de moda sino que se ha convertido en una herramienta de venta, ¿cuántos «murales urbanos» ha pintado Osel? Pero quizá todo esto es irrelevante, pues en esta ciudad los monumentos que urge criticar no son escultóricos o pictóricos, sino arquitectónicos. Pienso en el Centro de Congresos, en el Teatro Metropolitano, en el Museo Carbonell, en Antea, en Zibatá, El Refugio, Juriquilla…

La discusión de la concepción y el uso del espacio público es urgente en una ciudad tan privatizada e individualista como Querétaro. Si los medios de comunicación locales muestran una y otra vez flojera y cobardía ante los asuntos públicos, podríamos responder al guiño que hace con esta exposición la Galería Libertad: los museos pueden servir como plataformas públicas para la discusión política y social.


 

El derrumbe de la estatua: hacia una crítica del arte público (1952-2014)
Colección MUAC y sus colecciones asociadas

Exposición en la Galería Libertad del 4 de junio al 23 de julio de 2015.

Curada por José Luis Barrios y Alesha Mercado. Investigación de Pilar García, Sol Henaro y Cuauhtémoc Medina.

Con piezas de Franis Alÿs, Helen Escobedo, Mathias Goeritz, Paolo Gori, Javier Hinojosa, Javier Hinojosa, Ximena Labra, Israel Martínez, Damián Ortega, Marcos Ramírez ERRE, Sebastián, Pablo Vargas Lugo.

(Piezas faltantes de: Eduardo Abaroa, David Alfaro Siqueiros, Alejandro Caballero, Arturo García Bustos, Melquiades Herrera, Hersúa, Enrique Ježik, Gabriel Kuri, Ernesto Mallard, Teresa Margolles, Carlos Mérida, Enrique Metinides, Diego Rivera, Federico Silva, Rufino Tamayo.)