Un mundo raro –sobre el arte contemporáneo en provincia

por Eduardo de la Garma de la Rosa

El pasado jueves 10 de abril –un día antes del Viernes de Dolores– la Galería Libertad inauguró, en su quinta temporada de lo que va del año, tres exposiciones: Tiempo-Espacio de Oswaldo García, En el borde de Joaquín Flores y Crux de Valerio Gámez. Esta última desató –o más bien ató– una serie de acciones que sintetizan de forma clara y contundente algunos comportamientos que cotidianamente vivo en esta todavía linda y tierna ciudad de Querétaro.

Crux: Valerio Gámez en la Galería Libertad

Comportamiento uno: «un triunfo excepcional»

«La exposición Crux de Valerio Gámez es un triunfo excepcional», escribe Luis Sánchez en su Facebook. Luis Sánchez es un pintor más o menos reconocido en el mundillo artístico queretano. Es también colaborador, curador y promotor de la obra más «reciente» de Valerio Gámez.

Valerio Gámez es un artista queretano más o menos reconocido a nivel nacional. Digo que es queretano porque estudió en el Salesiano y en el San Javier y porque desde que nació ha tenido como código postal el 76000 (el correspondiente al centro histórico de Querétaro). Y digo que es más o menos reconocido a nivel nacional porque, tras estudiar en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda y hacer una especialidad (patrocinada por el Conaculta) en Artes Aplicadas en L’École Nationale Supérieure des Arts en París, ha expuesto, por ejemplo, en el Museo Universitario del Chopo.

La exposición Crux que está ahora en la Galería Libertad es muchas cosas, pero no «excepcional», mucho menos es entonces un «triunfo excepcional». Es una instalación conformada por, entre otras cosas, una cruz de plexiglas iluminada con leds, una fotografía de un Jesús estilo John Galiano, otra fotografía de una Piedad en la Plaza de las Tres Culturas, algunas estampas religiosas estilo David LaChapelle, una Cama Litúrgica con almohadas fashion y condones en un costado, un maniquí con unos calzones cuaresmeños y una capucha cónica estilo Procesión del Silencio. La instalación mezcla las iconografías de la religión católica, el sexo homosexual y, digamos, la revista Vogue. Una estilización excesiva, barroca y quizá fascinante de una mitología igualmente excesiva, barroca y sin duda, para muchos queretanos, todavía deslumbrante: el Catolicismo.

Una exposición interesante, pero no «excepcional», pues Valerio Gámez ha expuesto y reexpuesto esa idea desde hace más de diez años. Incluso en el mismo lugar: en el 2007 expuso Católica Industry justo en la Galería Libertad. Por lo menos para mí, las piezas son todavía relevantes; todavía me dicen cosas, todavía me permiten ver la realidad de forma distinta. La obra de Valerio Gámez todavía es interesante, pero, caray, ya no es excepcional.

O en Querétaro no tenemos memoria o le llamamos excepcional a lo habitual. Si Valerio Gámez presenta otra vez el sexo de un Cristo estilizado: «¡oh, excepcional!». Si Leche de Virgen hace otro performance donde se mete algo por el culo: «¡pácatelas, qué peculiar!». Si Coco Ontiveros presenta otra instalación de estatuas bíblicas en el Jardín Zenea: «¡uf, insólito!». Si Gustavo Villegas pinta otro coche chocado: «¡ah, qué inusual!». La única exposición que verdaderamente se merece el adjetivo «excepcional» es la conformada por esos cuadros cursis, aburridos y sosos que presentó en el Museo de la Ciudad el talentosísimo pintor (lo digo, júrolo, sin ningún asomo de ironía) Gonzalo García.

En Querétaro tendemos a ciclarnos (y reciclarnos). Es normal, supongo. Cada uno de nosotros tenemos, si acaso, dos o tres ideas en la vida. O lo que es aún más decepcionante: dos o tres formas de expresar esas ideas. Cada quien, pues, hace lo que puede. OK. Pero fuera de eso, creo que no conviene fingir demencia y lanzar a diestra y siniestra elogios falsos y rimbombantes.

Nota bene: en 1913, 38 años antes de que David Tudor interpretara el Music of Changes de John Cage, Marcel Duchamp había pensado ya en una sinfonía compuesta por el azar. Duchamp nunca ejecutó su idea. ¿Para qué hacer una obra si ya sabemos cómo hacerla? «La obra sólo serviría», dice César Aira en un ensayo al respecto, «para alimentar el consumo, o para colmar una satisfacción narcisista».

Crux: Valerio Gámez en la Galería Libertad

Crux: Valerio Gámez en la Galería Libertad

Crux: Valerio Gámez en la Galería Libertad

Comportamiento dos: la insoportable pesadez del obtuso

«Controversial ha resultado “Crux” de Valerio Gámez que se encuentra en la Galería Libertad, en pleno Centro […] ha despertado enojo ante los asistentes […] por eso los comentarios enviados y externados a Noticias para que se diera a conocer la “brutalidad” con la que tocan símbolos o imágenes universalmente aceptadas y adoradas como Cristo […] Usted decide, es un reto, una ofensa, ¿arte conceptual o una agresión visual?», escribió Luis Montes de Oca para el diario Noticias.

Aquí uno de los comentarios recibidos por dicho periódico:

Te escribo porque en la Galería Libertad hay una “instalación” que nos inquieta a mí y a un grupo de amigos cercanos: ridiculiza vulgarmente la celebración de la Semana Santa y sus símbolos religiosos.

Creo que es el colmo de nuestras autoridades culturales, quienes no tienen el criterio para valorar las expresiones artísticas y la pertinencia de los espacios públicos donde podrían mostrarse.

Se trata de fotografías y objetos que transgreden, a manera de insulto, una tradición de culto social. Tuve la oportunidad de ver cómo salían familias desconcertadas de la galería.

Lo que me inquieta, más allá de considerarlo arte o no, es que se muestre en una de las galerías más visitadas del estado, y que en estas fechas la afluencia se incrementa considerablemente por el turismo.

¿Qué impresión se llevarán los visitantes de una visión vulgar del Arte?

Un día después, su mismo periódico de confianza (el Noticias, se entiende) publica en primera plana el titular «Lastima la ofensa», donde el obispo Faustino Armendáriz manifiesta «su solidaridad con esta ofensa a los cristianos católicos por una exposición antirreligiosa montada en la Galería Libertad».

En la página dos continúan las notas al respecto:

El vocero de la Diócesis de Querétaro, Pbro. Saúl Ragoitia Vega […] indicó que, aún cuando no ha visto el montaje, sabe que se trata de una crítica a la religión en general.

El diputado Juan Guevara Moreno pide respeto a la grey católica de Querétaro a la que no se le debe ofender o molestar con exposiciones como Crux de Valerio Gámez. […] Desconoce las razones de esta exposición en particular, sin embargo, en general considera que se debe respetar a la ciudadanía, independientemente de su culto o su creencia religiosa. […] señaló que en Soriano, en Colón Querétaro, hay un alto porcentaje de personas que son católicas y este tipo de exposiciones le deben respeto a las creencias religiosas de las personas.

Y cierra Monseñor Faustino Armendáriz:

Sin embargo, tenemos que tener la madurez para afrontar los desafíos como Jesús los enfrentó en su tiempo.

Los muertos y los imbéciles se asemejan en la pesadez que producen en los vivos.

Crux: Valerio Gámez en la Galería Libertad

Crux: Valerio Gámez en la Galería Libertad

Crux: Valerio Gámez en la Galería Libertad

Comportamiento tres: el afán por oscurecer lo complejo

El Diario de Querétaro publica cada domingo un suplemento llamado Barroco. El del domingo 13 de abril incluía una especie de ready-made bastante común en la prensa queretana: copiar el texto que Luis Sánchez publicó en la Galería Libertad para presentar la exposición de Valerio Gámez y pegarlo como nota periodística en el suplemento cultural (el copy-paste incluye el nombre de Luis Sánchez, no vaya usted a creer, para acabarla de amolar, que fue un plagio).

(Los reporteros y editores queretanos suelen hacer copy-paste de los boletines que les mandan sobre todo las instituciones gubernamentales. Los noticieros radiofónicos locales funcionan de forma similar: 80% del tiempo lo ocupan en leer boletines de gobierno y el 20% restante en presentar un éxito musical de los 90s (¡yeah!). Los departamentos de comunicación social de las distintas dependencias de gobierno son, en Querétaro, las nuevas oficinas de redacción de los periódicos. Difundir boletines de gobierno en un medio periodístico tiene un nombre: propaganda.)

El texto dos veces publicado de Luis Sánchez habla sobre la obra de Valerio Gámez y «la condición del artista». Dice cosas como estas:

  • «La máxima del autor es la esencia de su tiempo».
  • «Es mediante su trabajo artístico que el lenguaje estético del espíritu a través del tiempo se convierte en una sustancia esencial».
  • «La significación dogmática permea cada esquina de la arquitectura urbana céntrica».
  • «Relaciones semióticas».
  • «Es un terreno en el que juega con las percepciones estéticas del humano, las descontextualiza tan sólo para convertir su razón práctica».
  • «Una urgencia por trascender en una era de vacío en la que un desasosiego constante emana de la individualidad».

Como muchas obras de arte contemporáneo, la obra de Valerio Gámez es accesible, pero no sencilla. ¿Por qué oscurecerla con un desarticulado texto de presentación? Con ese lenguaje estilo Lipovetsky-Foucault-SOGEM, hasta las artesanías de Santiago Carbonell resultan oscuras.

Quizá en Querétaro hay más entusiasmo que talento, pero de todos modos creo que podemos encontrar a alguien con la capacidad lingüística suficiente para, por lo menos, no espantar a las personas que quieren comprender en qué consiste cierta obra de arte contemporáneo.

Crux: Valerio Gámez en la Galería Libertad

Crux: Valerio Gámez en la Galería Libertad

Crux: Valerio Gámez en la Galería Libertad

Comportamiento cuatro: los monólogos en Plaza de Armas

La Galería Libertad está en la Plaza de Armas del centro de Querétaro. Comparada con las plazas principales de otras capitales de la República, la de Querétaro es singular: además de ser una de las más pequeñas de México, carece de Catedral. Es decir, en ella sólo está la representación del Poder Estatal. La Catedral –que muchos queretanos confunden con el templo de San Francisco– está a seis largas cuadras de donde despacha el Gobernador.

En Querétaro estamos acostumbrados a visiones únicas, a discursos totales, a formas consagradas. Aunque la ciudad está conformada por foráneos (de la ciudad de México y el Norte del país, sobre todo), en Querétaro no aceptamos fácilmente ideas nuevas o singulares. Aunque fue aquí donde Benito Juárez derrotó a Maximiliano, a veces parece que no nos hemos enterado que el Estado es laico. En términos culturales y artísticos, somos extrañamente conservadores. Nos movemos más lento que los continentes.

Ayer el periódico El Universal Querétaro publicó una entrevista que le hizo (me parece que el día de la inauguración) al artista en cuestión. Resalto aquí la respuesta de Valerio Gámez a la pregunta «¿Han cambiado los comentarios del público respecto a tu obra?»:

Sí han cambiado. Hace 10 o 12 años me interesaban esas dinámicas un poco de choque o de controversia, por lo menos en ámbitos culturales. Ahora como que trabajo más a gusto, ya sin esa carga de qué se va a entender o mal entender, que sólo busco el escándalo. Ya puedo relajarme, profundizar más en los contenidos de las creaciones, sabiendo que ya se van a entender, que la lectura de éstas será de otra forma, como más relajada, y la gente se va a concentrar más en el significado religioso o en el simbólico de mi trabajo y ya no sólo en este choque del escándalo. Ha cambiado la opinión de la gente y eso me ha gustado.

David Foster Wallace recordaba en una entrevista la principal función del arte: disturbar al confortado y confortar al disturbado. Crux ha cumplido medianamente esta función: la «grey» católica se ha disturbado y la comunidad artística se ha confortado en ese supuesto disturbio. Digo «medianamente» y «supuesto» porque las consecuencias de la exposición no son vastas ni profundas. Los que han manifestado de forma pública que se sienten ofendidos, por ejemplo, no han siquiera entrado a la Galería Libertad. Y muchos artistas que «apoyan la causa» confunden el sosiego con el orgullo.

Las conversaciones que genera el arte son casi siempre minúsculas. A pocos les importa de veras la instalación Crux. Lo importante para la Diócesis es la fe de sus fieles; para el Gobierno, la fidelidad de sus votantes; para los artistas, la devoción por sí mismos. Y ni qué decir de los queretanos y turistas comunes y corrientes, personas que se interesan por cosas más importantes: la salud de sus hijos, la muerte de sus padres, las responsabilidades adquiridas y las vacaciones más o menos merecidas.

Los pocos interesados en el tema estamos fascinados con este chismarajo. Urge que nos demos a nosotros mismos unos buenos zapes para, de menos, hablar sobre las otras dos exposiciones que están en la Galería Libertad: Tiempo-Espacio de Oswaldo García y En el borde de Joaquín Flores.